Mi peluquín (mi versión del asunto)
Aunque el narrador se empeñe en que yo soy calvo, en verdad, no lo soy. Yo diría más bien que soy de cabello distraído. Pero en este, como en otros asuntos, habría mucho de qué hablar. El caso es que las cosas, quizá no siendo como deberían ser, así están, por el momento, y es que donde manda capitán, no manda marinero. Del escritor no voy a hablar, porque prefiero limitarme al narrador que es mi superior inmediato, y digamos que es con él con el que tengo el pleito. Además, que el escritor, se me da a mi, que ni se ha enterado de esta historia, ya que delega todo el peso en el maldito narrador, que sin duda, me tiene ojeriza.
Por si todavía no me conocen les diré que me llamo Franciscos Bustos, y que estoy en una novela que está teniendo bastante tirón en las librerías, por utilizar un modismo al uso. "Corazón de melón", se llama la novela. Y bien, tal vez no tenga yo un papel principal, protagonista, pero soy determinante en el desarrollo de la acción: soy un colateral necesario.
El problema empieza en la página 65, que es cuando aparezco por primera vez. Las cosas, son como son, yo no me he inventado, me refiero a que en eso de la creación le doy todo el mérito al narrador que es el que me describe y me hace actuar en la novela, si bien, hay inexactitudes en cuanto a lo que mi persona se refiere, y sobretodo a partir de la página 185, en la que tengo tres páginas para mi solito, y la verdad es que me desgracian.
En fin, un desastre. Se me define como un individuo calvo, de mediana edad, corto de estatura y maricón. Bueno, hasta ahí podíamos llegar. Porque a ver ¿porqué he de ser homosexual yo, habiendo en la novela, como las hay, chicas muy guapas y una trama romántica bastante desarrollada? Y sobretodo: que la acción no necesita que yo sea sodomita para sostenerse, tampoco es necesario que yo sea calvo. Puedo ser un Don Juan de mediana edad, fuerte, atlético y con melena. Eso es lo que le dije al narrador. Ibamos por la página 250, porque la novela es larga, él estaba sentado, y yo me acerqué y le dije, "Sr. Narrador", así nos llamamos en este mundo, por Sr., "dime Paco, que es lo que te pasa ahora", me contestó. Lo de "qué te pasa ahora" ya no me gustó, porque lo único que le había comentado "antes", y de eso estamos hablando allá por la página 80, o sea, hace una eternidad, era que a ver cuando salía yo otra vez, porque se le estaba dando poca cancha a mi papel y ya íbamos por la 80, y yo, en el camerino desde la 65. Pero ese es otro tema. El caso es que yo voy y le contesto, que "ahora" lo que me pasa, es que quiero que me pongan peluquín, por lo menos, y a ser posible que me hagan bisexual.
"Mira", me contesta el narrador, "Paco", añade, "yo también soy un personaje de ficción", ya estamos con lo de la ficción, su eterna excusa, la cantinela habitual, "y en eso no estoy para nada, el escritor es el que determina cuando sales tú, cuáles son tus atributos físicos y morales, tu orientación sexual, tu comportamiento, y tu función en la novela, y yo me limito a narrar cumpliendo esas órdenes. Me entiendes, Paco".
Y Paco, que soy yo, ya había entendido de qué iba el tema. Y otra vez que estaba tomando el nombre de Dios en vano. Que si el escritor por aquí, por allá, que si el escritor es el único responsable de esto, que si aquí todos somos personajes de ficción, que si no se puede cambiar una coma si el escritor no lo quiere. Como si yo me chupase el dedo. "Pues mire, Sr. Narrador", porque esa es otra, que no sabemos ni su nombre, y si no, lo mismo que él me llama a mi Paco, muy a la pata la llana, yo podría llamarle a él por su nombre, pero claro, como no nos lo ha dicho, no lo sé, por eso le dije: "Pues mire, Narrador, yo al escritor no lo he visto por estas páginas ni en pintura, y se me da que el que coordina de verdad este asunto y corta el bacalao, en esta novela, es usted, y que el otro existe solo nominalmente, y por eso vengo a verle a usted, y no me parece de recibo que usted me diga que no puede hacer nada, y que eso es cosa del escritor ¡ Porque al escritor yo no lo he visto por aqui en mi vida! Es más, empiezo a preguntarme si existe siquiera".
En eso, el narrador, me miró con cara de no dar crédito a lo que le estaba contando ¡Pero sabré yo si tenía razón! Tenía razón, y esta vez no tenía la intención de irme de vuelta al camerino con otra disculpilla vaga, con otro "lo siento Paco, pero ese tema no está en mis manos" porque yo, al fin y al cabo, no hacía más que ejercer mis derechos, y si el narrador estaba ahí, era para hacer su trabajo, como yo hago el mío, que no me parece bien que a mi me toque ser calvo y maricón, y por ahí está el López, que tiene un Ferrari y se pasa desde la página 40 hasta la 42 en su Ferrari, y luego se levanta a una rubia estupenda en la 82, y es tan secundario por yo, y no sé qué aporta él a la trama con su Ferrari y sus conquistas, y yo en cambio, aquí, partiéndome el lomo para que esto avance, para que la historia se sostenga, porque si no fuera por mi, que ya sé que no soy protagonista, pero soy colateral necesario... Y soy el hermano de Marga, ¡por el amor de Dios! y Marga es la protagonista femenina número uno. Porque vamos a ver ¿esto de qué va? pues va de que somos un equipo, y nadie es más que nadie, y todos tenemos nuestro trabajo, y el del narrador es narrar y coordinar la historia: ese es el suyo; y yo, como personaje, puedo aportar mis sugerencias. Por eso añadí: "yo antes de la 260 quiero un peluquín y una aventurilla femenina" en eso me equivoqué, porque quería decir una aventurilla con algún personaje femenino, pero es que estaba tan sacado de quicio que ya ni sabía lo que me decía. "que esto se acaba, y no he podido aportar todo lo que debía aportar a esta novela".
- Eso es lo que tú te piensas. Ya has aportado todo lo que tenías que aportar me contestó el narrador.
Esa frase me dolió, la verdad es que no esperaba que se me tratara de esa manera. Y entonces se me fue de la cabeza la idea esa que llevaba de ser constructivo, de abrir puertas, no de cerrarlas, porque me puse de muy mala leche, porque tengo temperamento y las injusticias que se me hacen, pues esas, no estoy dispuesto a tolerarlas.
- ¡Pues mire! de esto se van a enterar en el sindicato de personajes de ficción ¡como yo me llamo Francisco Bustos! vaya, si se van a enterar Y ya veremos como se soluciona el tema.
El narrador me miró, suspiró, y vi cómo sus ojos se llenaban de sangre, y es que ahora era él, el que andaba sacado de quicio. Pero se la tragó, se la tragó bien tragada y se limitó a decirme: "Esta bien, Sr. Bustos, está usted en su perfecto derecho de expresar su queja a través del sindicato". Entonces se giró y se fue, con su manojo de papeles en la mano. Y mira por donde, ahora me había llamado Sr. Bustos y no Paco, Paquito o Paquirrín, como se le ocurrió un día llamarme, como si yo fuera un nene.
No sé. No sé si hice bien o no, pero es que no se me dejó otra opción, y tal vez no vuelva a aparecer en otra novela de Hidalgo Galante, tal vez no, pero me da igual, porque entre nosotros, que las novelas de Hidalgo Galante son de una de cursilería espantosa. Todo lleno de amoríos estúpidos. Bueno, vende, pues claro que vende, porque lo malo siempre se vende mejor. Pero para lo que está hecho uno, mi personaje, es para el arte, el auténtico arte y no para estar en patéticos "divertissements" de señoritas impúberes.
En el sindicato me trataron bien, a pesar de que yo esperaba levantar pasiones más encendidas en torno a la justicia y necesidad de mi causa de las que levanté. "Ya no estamos en las novelas de Cervantes", me dijeron, "donde se perdía un burro en Sierra Morena y reaparecía como si nada.", y añadió: "Mira Paco, ahora, las tramas son menos flexibles, porque también hay menos ingenio. Esto de la novela se ha modernizado mucho, se ha industrializado, socializado, y nuestros derechos están mejor determinados, pero hemos de ceñirnos a esos mismos derechos que tanto trabajo nos ha costado conseguir. Vamos a ver qué se puede hacer, pero no te quiero prometer nada".
No te quiero prometer nada ¿Y eso es un sindicato? Así que me fui a hablar con Eusebio, que es delegado en otra novela, pero que también está en la nuestra. Porque una cosa que hace habitualmente Hidalgo Galante es plagiar. Eusebio originalmente es de una novela de Patricia Highston. En su novela se llama Paul, en la nuestra Eusebio. Es el mismo personaje, lo único que ha hecho nuestro narrador ha sido cambiarle el nombre y meterlo en "Corazón de Melón". Resumiendo: el caso es que un día se nos aparece Eusebio por la novela "Bueno ¿y tú que haces por aqui?", le preguntamos, "Te cansaste de la Highston". Y él que nos contesta, "mira, estaba yo durmiendo, debían ser como las 5 de la mañana, y de repente, noto que alguien me chupa fuera de mi libro". Es muy gracioso, el Eusebio. Y sigue: " A ver, me explico: el tipo me sonaba, porque se nos había leído ya varias veces. El caso es que son las 5 de la mañana y escucho ¡zafarrancho de combate! Están abriendo el libro ¡todos los personajes a sus puestos! Bueno, pues me desperezo, bajo por la barra, y me voy a mi escena, pero como no entro hasta la 26, voy tranquilo, pero resulta que el tipo se va directo a la página 26. Claro, ya se ha leído la novela varias veces y viene a buscar algo ¡Algo, algo, a por mí que venía! Llegué de milagro, todavía poniéndome los pantalones. Y se pone a leer, una vez, dos veces, tres veces. Toma apuntes, subraya, y yo ahí, al pie del cañón, interpretando como un león. Entonces para, y noto que se pone a escribir, que me chupa, que me saca la esencia, que se me lleva, y a las 8,30 de la mañana aparezco en "Corazón de Melón".
Para abreviar: toda esta historia viene porque Eusebio es delegado sindical, no en nuestra novela, pero sí en la de la Highston, y sabe de estas cosas. O sea que me voy a hablar con él y le explico el problema: "Eusebio, le digo, pasa esto, esto y esto", y el me dice, "no te preocupes, Paco, que para eso estamos los compañeros, vamos a presionar para que se te dé una solución, y vamos a llegar hasta dónde se tenga que llegar, vamos, que estamos contigo". Y me promete que hablará con López, nuestro delegado, y le dirá que a ver, que qué es eso de que no me pueden prometer nada, porque en este caso, todos debemos estar con el compañero Paco. Un gran tipo, este Eusebio, y eso que trabaja mucho, imagínense ustedes, está en un best seller y en nuestra novela, que como ya he dicho, está teniendo bastante tirón en las librerías. Entre una y otra, unos 10.000 lectores que se saca al mes, sin contar los lectores extras de navidad y de verano, que es cuando más se lee. Un fenómeno, este Eusebio, y todavía tiene tiempo para preocuparse de los problemas de los compañeros.
El narrador nos recibió cuando ya estábamos corrigiendo. La verdad es que ese día había un tremendo follón montado. Por de pronto, un capítulo se iba ya seguro a la basura, un capítulo entero, y la estructura se iba a resentir, y a ver cómo arreglábamos esto, que había que redactar de nuevo un montón de cosas: un desastre. Y el narrador iba de lado a lado, y ahí que nos plantamos: yo, López, que es nuestro delegado sindical, y Eusebio, que se viene a darme su apoyo, un fenómeno, este Eusebio.
Habla López:
- Sr. Narrador, como delegado sindical de esta novela, vengo a notificarle que consideramos que los derechos del Sr. Francisco Bustos han sido lesionados eso dijo, lesionados, y Eusebio, por lo bajini me dijo a mí: "conculcados"-. El Sr. Bustos nos ha rogado que le trasmitamos que él sugiere, que en su papel, se le permita tener pelo y ser bisexual, y tanto este sindicato, como todos los compañeros de la novela, estamos a su lado en esta pretensión, y exigimos, por tanto, que se le de una solución a este problema.- y añade -¿quieres decir algo tú, Paco?.
- Nada digo yo, y miro al narrador- Me parece que aquí el compañero López ha sido lo bastante claro.
A lo que al Narrador se le hinchan las venas del cuello, y se le llenan los ojos de sangre, "ahora no me vengas con esto López, ahora no, que tenemos un lío tremendo y nos estamos yendo al traste ¿Tú te crees que es serio, que esto es un equipo, ahora me venís con la chorrada esta? si es que es la hostia ¡esto es la hostia!". Y se empezó a poner muy nervioso. A lo que López se amedrento y dijo "bueno, que tampoco era tan importante y que podíamos volver en otro momento", y el narrador le miraba con sus ojos llenos de sangre, y yo creí que le iba a pegar una bofetada. En cambio Eusebio y yo, como rosas, como si la cosa no fuera con nosotros, y si el narrador se quería poner así, pues que se pusiera, que nosotros habíamos venido muy civilizadamente a plantearle nuestra sugerencia.
Poco a poco se fue calmando, y se puso a mover los papeles que llevaba en la mano, abanicándose. Hizo también el gestito ese que hace cuando está nervioso, es una especie de tic que tiene, y es por eso que lo llamamos, claro, que eso él no lo sabe: "el gaitas", porque aspira aire por la nariz, muy fuerte, y hace un ruido que parece el sonido de una gaita. O sea que el gaitas se puso a tocar la gaita un rato, y aspiraba, y aspiraba, y luego miró a López, y entonces me miró a mi, que todavía no me había siquiera mirado en todo el tiempo que llevábamos ahí parados. " A ver si yo lo entiendo", dijo, "se trataría de que aquí al Sr. Bustos", y dijo "Sr. Bustos" mucho más alto que el resto de la frase, como si me estuviera estrangulando con sus propias manos mientras pronunciaba mi nombre, "se trataría de que aquí al Sr. Bustos", como iba diciendo, "se le cambie su caracterización ¿no es así?
- Sí - dije yo.
Y me miró de arriba abajo, de arriba abajo, hasta que me preguntó:
- ¿Te vale un peluquín?
- Bueno, yo preferiría tener pelo propio, pero si...
- Lo de homosexual no te lo puedo cambiar.
- ¿Cómo que no?
Entonces se paró y se puso a pensar, y se veía que la cabeza le iba rápido, y es verdad, que todo lo que tiene de cabrón lo tiene de listo, el narrador. Entonces me pone una mano en el hombro, y me dice:
- Paco, de hombre a hombre, te pongo un peluquín, y te prometo que tú no eres receptor.
- ¿Receptor?
- Coño Paco ¿toda la novela de maricón y no te has enterado todavía de la diferencia que hay entre el que da y el que recibe?
- Claro, es que te había escuchado mal dije yo-, o sea que yo doy, pero que a mi no me dan.
- Eso es.
Y me tendió la mano, y sonrío, y me dijo: "Con peluquín y homosexual no receptor. No te me puedes quejar Paco ¿eh? Que vas a ser la envidia de la novela... Trato hecho.
Yo le di la mano, casi sin pensar, porque lo hizo bien, pero la verdad es que aún no estaba del todo convencido. Solo que entonces Eusebio me dijo, "enhorabuena Paco, lo conseguiste", y López también me dijo algo por el estilo, y yo sonreí.
- Bueno, pues ya está claro. Veis, como hablando se entiende la gente dijo el narrador -.Mañana mismo hablo con el escritor y se hacen los cambios oportunos. Ahora, si me disculpáis, tengo un lío tremendo montado con los del capítulo II, que es que ya se lo avisé, que o mejoramos o nos vamos a la basura, y ya está, el capítulo II se va a la basura y estamos sacando las dos o tres frases que pueden valer para algo, antes de que se lo lleven.
Y se marchó, acompañado de Eusebio y López que dijeron que lo acompañaban al II, por si podían servir de ayuda. Yo me quedé solo, satisfecho, por un lado, pero sin estar del todo convencido todavía.
Me pasé la mano por la calva. Y entonces me di de bruces conque se me había olvidado especificarle al narrador que el peluquín lo quería de color canela. Eso es, un color castaño claro, y ya el resto del pelo me lo teñiría en consecuencia, porque estaba seguro de que un pelo más claro me daría mayor prestancia y más personalidad, así que me fui corriendo al capítulo II, a buscar al narrador, para que no se olvidase de que el peluquín, a ser posible, fuese de color canela.
Lucas Vicens Charbonneau