EL NIÑO DEL JACO, TEORÍA DEL TOREO HIPODÉRMICO.

© Lucas Vicens Charbonneau


 

Sinópsis: Un joven diestro al que la suerte no ha acabado de sonreír, recibe un día la brutal cornada de una vaquilla. Este hecho cambiará su vida. Después de unos meses de indecisiones, decide cambiar la espada por la hipodérmica, ( y el toro por el caballo). Aparece entonces otro personaje: ClaraLinda de España del norte, una tonadillera de origen californiano que después de múltiples fracasos (la abuchean, e intentan violarla, en Revientaconejos del Pisuerga, provincia de Aragón ) acaba dejando su prometedora carrera dentro del ramo de la canción ligera aflamencá, para acabar bailando con las tetas al aire, en un tugurio de los suburbios de A Coruña. Precisamente allí conoce al niño del Jaco, que está de tourné, como puntillero, en la cuadrilla del famoso espada sodomita "Ojete de Linares". En realidad, dado su estado de adicción al jaco, el niño del idem, no remata a un toro ni con escopeta de postas, pero "ojete de linares" lo lleva en su cuadrilla para poder beneficiarselo. Una noche, el niño se escapa y va al bar en el que enseña las tetas ClaraLinda. Ella es hermosa, exceptuando el hecho de que pesa más de trescientas libras inglesas y de que podría servir de tapón para el canal de la Mancha, pero el niño del jaco no se arredra. La mira con ojos cautivadores y la invita, gracílmente, a un buco.

-¡Guarra! ¿gustas? -dice estirando la goma con los dientes y pegandose golpecitos en las venas.

(sigue) ADENTRÁNDONOS EN LA ESPAÑA NEGRA.

ClaraLinda de España del Norte, al oír la galante invitación del niño del Jaco, se acercó y mirandole fijamente a los ojos empezó a mover las tetas con frenesí. Espachurrandose los pezones con ambas manos. Luego le sacó la lengua en un claro intento de mostrarse seductora. Pero él seguía con lo suyo.

Hasta que al cabo de un rato dejó la hipodérmica sobre la mesa, con medio buco todavía inyectable y empezó a agitar un billete de mil. Ella se acercó. Él le ajustó el billete a la goma a las bragas de licra, marca pantera, talla especial, que le llegaban al ombligo y que llevaba sudadas a causa del ejercicio. Tanto que se le trasparentaba el bosque.

-Te ví a meté tó lo má grande -dijo él.

-Jazme tuya, métemela hasta el corvejón, lobo -dijo ella con acento californiano.

Al oír el inocente flirteo que se traían entre manos, el dueño del local, Paquiño da Rabeiro, un hombre tranquilo dominado por su esposa (que era una mujer de agrio carácter) se acercó al niño del Jaco y le avisó:

-No vas a hacer banda.

-M’ es igual ¿Cuanto?

-No te la aconsejo, es una guarra -insistió Paquiño, pero al ver los ojos de lujuria que iluminaban el rostro del Niño de la hipodérmica, claudicó: -Habla con mi mujer si te la quieres tirar.

-¿Está buena tu mujer?

-¡A mi mujer no! gilipollas, a ClaraLinda.

La mujer de Paquiño no es que tuviera bigote, es que tenía barba. Era bruja nigromante, echaba males de ojo, conjuraba exorcismos y practicaba abortos clandestinos con una receta tradicional a base de ajo, cebolla, escupitajos y una espada oxidada, con la que había logrado matar a tres adolescentes y dejar estériles a catorce.

-Señora -dijo El Niño -vengo a ver si me deja tirarme a la gorda -añadió con los ojos preñados de amor .

-Pué van a sé dié mil pesetas, porque la ClaraLinda bien las vale.

-Oiga comadreja, que ya le metío mil en la bragas y si quiere le doy un talego má por la puta.

-Sea, pero me la devuelves en media hora.

Con la conciencia limpia, esa que a uno le queda cuando sigue los pasos correctos y tradicionales, esos que la decencia y el decoro exigen cuando se pretende seducir a una señorita, el Niño se acercó a ClaraLinda y le propuso:

-Avíate que te vi a dar tu merecido.

... Pero surgió el amor. Tanto es así, que el Niño del Jaco empezó a creer de nuevo en sí mismo, y en el toreo. En las dos corridas anteriores, antes de conocer a ClaraLinda, había cometido un par de pequeños errores. En la corrida de los Miuras, entre la confusión y el temor que esta ganadería le provocaban, y con los tres bucos intravenosos y el medio litro de Coñac de la marca "Espartaco" que se había bebido (hecho en Soria con restos de cazalla, vino peleón y aceite de combustión para motores), el Niño del Jaco casi apuntilla a un subalterno por error. Al final, y después de trescientos intentos, desde los tendidos se oía "¡cómprate una sierra eléctrica hijo de puta!", y otras veleidades de este estilo, logró apuntillar al toro. Acabó de sangre hasta los machos, y de orines, porque en un error le apuñaló la vejiga al toro y un chorro prodigioso brotó del astado, alcanzando incluso a Doña Francisca del Monte Llano, mujer de ganadero y madre de torero, muy querida en el mundo del toro, y que contemplaba la corrida desde una barrera, y que quedó ciega de un ojo durante una semana.

Pero aquella tarde todo podía ser distinto. El Niño miraba la puntilla y pensaba, "ClaraLinda, esto va por ti". La puntilla relucía, instrumento de gloria y muerte, cuando sonaron clarines y timbales.

(CONTINÚA)

... Ojete de Linares, el célebre torero sodomita, estaba cuajando la faena de su vida. Sus pases templados, con las zapatillas clavadas en el albero, arrancaban olés: al principio corteses, luego sentidos, y más tarde, más tarde enardecidos: ole, ole, ¡olé!

El niño del jaco, desde las tablas, veía como se llevaba toda la gloria el maestro. Con rancia envidia. Con anhelos de justicia. Sí, porque en verdad, esos olés, esos que él había soñado recibir toda su vida, revertían injustamente en Ojete. El público nunca parece entender lo importante que es el puntillero, y solo aplaude al maestro ¡como si el maestro pudiera arreglarselas sin puntillero!

ClaraLinda del norte de España le había explicado que la cuadrilla era un "workteam", y que todos eran iguales, igualmente necesarios. Refiriendose fundamentalmente al tema económico, porque Ojete daba mucho por culo, pero pagaba poco. Pero el niño del Jaco lo enfocaba más bien hacia el tema de la gloria.

Eran un "güortím", pensó, y Ojete se llevaba toda la gloria. Por eso se escurrió hacia donde toreaba Ojete, que estaba haciendole la faena de su vida al astado cerca de las tablas del tendido de sombra, y en un descuido saltó, chic, chac, y descabelló al toro.

Radical, a la primera, fulgurante, preciso, en un metisaca tan rápido que apenas manchó de sangre el filo de la puntilla.

La plaza se vino abajo. El maestro le perseguía, con la espada. Juanillo le lanzó dos banderillas, a dar. El mayoral le acosaba con el látigo, la gente coreaba su nombre, ¡joputa, espóntaneo cabrón! La banda tocaba el célebre pasodoble "El gato montés", una señora se desmayó, el mundo del toro se rasgaba las vestiduras, un crítico sufrió una angina de pecho, un tío se tragó su teléfono móvil, dieron a luz tres embarazadas, se quedaron embarazadas 35, murieron por asfixia 2 niños y uno se perdió de por vida y fue encontrado, 30 años más tarde, traficando con penicilina por las leproserías de Molokai.

Todo el mundo tiene derecho a sus cinco minutos de gloria... Fue el día de su vida.

Y cuando se entra en la gloria, es como el jaco, nunca te abandona. Porque precisamente en la plaza se encontraba un empresario taurino, Iñigo Palomo Cojo, que había sufrido mucho en la infancia a causa de su nombre y que quedó fascinado por la actuación del Niño. Era empresario del género chico: la mojiganga. "El bombero torero, forçados pequeñines, los enanitos mataores, Paqui la Torera (ex-puta), y el espectáculo: "Dale caña al tambor, por favor", perpetrado por el célebre virtuoso de la percusión, Joaquín Palomeque. Un individuo que había ensayado durante diez años en el ámbito familiar (su padre se extirpó los tímpanos, su madre intentó suicidarse tragandose un bote de pastillas azules para la celulitis y su hermana se hizo ninfómana) y que decidió un buen día salir de su casa y desplegar su arte por los ruedos de España. Con su tambor, lograba desalojar la plaza en menos de 10 minutos.

(La prósima semana: "El Niño del Jaco, mojiganga y arena")

 

"El NIÑO DEL JACO, MOJIGANGA Y ARENA" (crónica narrada al estilo provinciano)

Fue en las fiestas de la exaltación de la cebolla, en "Socuéllamos sur mer", como había rebautizado el pueblo el anterior consistorio socialista, en un (vano) intento por atraer al turismo a esta bella localidad castellana. El Niño actuaba en la celebre plaza de "el placín" (como la llamaban cariñosamente los habitantes de la localidad) dentro del espectaculo de Don Íñigo Palomo Cojo, que había normalizado su nombre (en un arrebatado intento por sobrellevar su identidad) convirtiendose en Íñig Colomb Coix. Paquita la torera (ex-puta), le pegaba unos trapazos al ¿toro? "valentón", que había pesado en báscula, 32 kilos y 200 gramos. La plaza estaba llena, y presidía el festejo María de la Concepción Chamorro Pastrana, reina de las fiestas de la cebolla, y que iba ataviada con el tradicional traje "chicharrón", medias de seda, brocados de Toledo, un abrigo de color leopardo y dos ristras de cebollas adornandole el cabello por encima de la peineta, hecha de plata e incrustaciones de cantos del río. Su corte de honor, formada por otras 8 jóvenes socuallamenses, y una maricona, que en un ignoto gesto de liberalidad, había sido admitida dentro de la exclusivísima corte de la "Reina Chicharrona", representaban lo más granado de las beldades de la villa.

En el ruedo, en el tendido de sol, una gran pancarta decía: "Antes marrano que Murciano, ¡¡Socuéllamos es la Mancha!!

Puesto que la localidad vivía desde hacía largo tiempo un disgregador proceso político, siendo objeto de disputa entre dos comunidades autónomas: Castilla la Mancha, y Murcia. Los socuellamenses se sentían tradicionalmente Manchegos, porque, tal y como refiere la historia, el conde Sigfredo V "el baboso" cedió la villa al Adelantado Manuel de Vargas Flacas en el 1354, por aquel entonces Gran Cofrade de la Orden Castellana. Sin embargo, las fuerzas progresistas del pueblo se sentían murcianas, y contestaban la validez de dicha cesión dado que el adelantado Manuel de Vargas prohibió, nada más llegar al poder, el uso del tradicional "gorro pelotero con chorreras", símbolo de identidad de los Socuellamenses y estandarte de murcianidad. Este edicto había impedido, aducían, explayarse a la gente, provocando la pérdida de su identidad colectiva como pueblo adscrito a la rica cultura murciana (y a su singularidad lingüística, puesto que pronunciaban la j sinalafética como si fuera una h aspirada hacia fuera, hecho que ha sido objeto de varios libros, y del controvertido estudio de Don Sibinalbo Locomía Xui, "Nuestro pueblo, nuestra tierra, nuestro gorro pelotero con chorreras y la opresión histórica de la fuerzas centrífugas sobre nuestra singularidad parlante" publicado por la editorial "Toma tema".

En este contexto político, social y humano, y llevado por las gráciles notas del tradicional pasodoble "Tírate de la amoto" el Niño del jaco, vestido de Azabache y lapislazuli (parecía un chupachús), puntilla en mano, capote anudado al cinto, y montera atravesá, esperaba la salida del quinto, "zumo de limón", toro a cuya lidia y muerte le había sentenciado el sorteo de reses efectuado ante el notario de la villa vecina Don Hipólito Sososaguas Chopet, al haber sido inhabilitado el titular de la notaría rural de Socuéllamos, Don Idelfonso Laínez Puertas, por continuados casos de corrupción de menores y trata de blancas, hechos denunciados ante el tribunal correccional de lo procesal de Talavera, juzgado 3?, hechos todavía pendientes de ser esclarecidos y punidos por la justicia.

El Niño recibía el toro a Porta Gayola, a la vieja usanza, con el capote al lado derecho y las manos al izquierdo, con la montera tapandole los ojos, como hiciera otrora el célebre maestro "Chicuelo pequeñajo II" antes de morir a cuernos del legendario toro "Peligrosín", de la ganadería del Conde de Burgos. Claralinda de España del norte rezaba el rosario, con el mantón de Manila de acrílico del Pryca desplegado sobre la barrera, llorando de miedo y de orgullo, a través de sus gafas de concha de mejillón . Al oír los golpes sobre las tablas, los bufidos y la salida del toro, el Niño se quitó la montera de la cara para ver llegar al astado y levantarse a tiempo para que le pasara el toro entre las piernas. Este hecho levantó grandes carcajadas entre el público, lo que anunciaba la estupenda faena que estaba por venir. Los bomberos salieron con su camión hecho de cajas de cartón pintadas de colores, que llevaban agarrado por los brazos hasta la altura de las rodillas. Lucían maquillaje y grandes sonrisas dibujadas sobre sus caras imposibles. Uno era calvo y alto, el otro gordo y con las piernas muy pequeñas, el último patizambo y desgarbado. El toro embistió al camión y todos rodaron por los suelos, el público se divertía...

Hasta que el Niño del Jaco pidió: ¡dejadme solo, dejadme solo, que hoy cuajo!, y desplegó el capote con torería, la tela bebió el albero, el toro se estuvo quedo, el Niño avanzó poco a poco, con garbo, gustándose. Se pegó un golpe en el muslo y dijo: "uhh, toro", el toro avanzó, tomó aliento, se embaló, "esa, uaja, toro, hu,hu, chuá", el toro llegaba, el niño no se movía, la tela bebía el albero, y en el cielo volaba un pájaro, surcando esa tarde de mayo y de gloria.

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LA QUINTAESENCIA DE TODOS LOS FRASCOS DEL TOREO HIPODÉRMICO QUEDA APLAZADO, en su lugar esta semana se entrega el capítulo de: EL NIÑO DER JACO VISITA LOS ESTAOS REUNIDOS JEYPER. (1era Parte: LA ANUNCIACIÓN)

Después de aquella faena (nota del autor: que se relatará en su momento, dado que las escenas de tauromaquia requieren especiales dosis de inspiración) a ClaraLinda del norte de España el chichi le hacía aguas. El Niño, que era un avezado conocedor de las mujeres "son toas unas putas, menos mi mare y mi ClaraLinda", solía decir, sintió que era el momento de dar el gran paso. Fue en una tarde mostosa y fría, a la semana de su salida por la puerta grande de el "Placín" de Socuéllamos sur mer, cuando, después de haber gozado de ClaraLinda durante varias horas (tres pollazos y vuelta al ruedo), sudao como un buñuelo, le entró el arrebato romántico necesario para pedirle la mano a su compañera de arrejunte.

Puso el single del Fari, "torito bravo", en el "tocatadiscos" como llamaba a eso que le regalaron cuando hizo la primera comunión. La aguja carraspeó, los primeros compases sonaron, y envuelto en la música celestial de ese monstruo celtíbero, monstruo de la raza, del taxi, y de la música en su concepción más sentida, al oír eso de "¡¡ay toritoooo!!, ¡ay torito bravooo!", de singular jondura y calado subliminal, se improvisó una voz aterciopelada para proclamar:

-Gorda del norte de España, quiero que seas mi parienta... mi gachí ante Dió, y ante er Mengue -dijo arrebatado- y pá lubricar este acuerdo te he comprao un anillo que me ha costao una pasta... porque pá mi gorda, tó es poco.

A Claralinda le brotaron las lágrimas, unos lagrimones calientes que le corrían por las mejillas como el agua de mayo se desliza sobre las redondeces de nuestra madre fruta: la oliva, en los olivares de España.

El anillo era de acero galvanizado virgen, de fundido natural y con estuche de plástico extrusionado al calor. El acero galvanizado, conviene afirmar, que es un material muy noble, muy a pesar de que tenga menos aceptación en el mundo de la joyería que otros metales como el oro o la plata, debido mayormente a desfasadas tradiciones metalo-fetichistas. El acero galvanizado es más económico, más sólido, y desarrolla a la perfección su función ornamental. Por este anillo, el Niño del Jaco se tiró de la moto y pagó, convencido, las tres mil pesetas que le pidió "el Curro" por la rodela de carburador de camión que le vendía por anillo. Curro era llamado "lenguaplata", por su singular habilidad para lograr endiñarle una cabra ciega a un gitano.

La rodela de carburador le vino un poco estrecha, porque los morcilleros dedillos de ClaraLinda, aunque bellísimos, eran un tanto anchos, y hubo de ponerselo en el meñique.

-Pero antes que nada, has de prometerme una cosa... que dejarás el Jaco... -dijo ClaraLinda jugando con el anillo sobre su dedo - ¡ El jaco o yo, tú eliges! -enfatizó.

Aquella frase sonó un rato en la habitación, volando sobre la hedentina a sudor y a jugos lúbricos que impregnaban la atmósfera. "El jaco, el jaco..." sonó sostenidamente, como el eco venido de algún abismo .

El Niño miró a la gorda. La miró con sinceridad y ternura, dijo:

-Vale gachí, por ti volveré a la cazalla, a mi medio naturá... (hacía tiempo que pensaba tomar esta determinación: reintregrarse en el mundo de la cazalla y del aguardiente "La Utielana", esos 80? grados de placer en estado puro hechos en unas destilerías clandestinas de Albacete, y que fueron en su día investigados por la agencia espacial NASA, que iba buscando combustible para cohetes).

-¿Y te meterás la cazalla por vía intravenosa u oral? -preguntó ClaraLinda.

-Bebía por los belfos, como debe ser -tranquilizó el niño -la hipodérmica nunca más jamás.

Se besaron...

Al día siguiente Claralinda ya quería una foto del Niño para enviarsela a sus padres, junto con la noticia del compromiso; y el Niño tenía que sacarse el pasaporte porque antes de la boda, "Maimóm" y "Maidad", tenían que conocerle ¡Qué ilusión les iba a hacer! su hija casada con un "Burfaiter".

-Burfaiter ¿Como er de la Ginebra?

-Que no, cariño, que significa torero.

-¡Olé! Esa e mi gorda... Oye ¿y tus pares no serán moros, no? Porque a mí eso de Maimón y Maidad me suena a moro. Y eso no puedo haserselo yo a mi Santa Mare la Virgen del Rocío: casarme con una sarracena.

-Que no, amor mío, que eso es papá y mamá en inglés. En verdad se llaman Jonathan y Moreen.

-Jonatán y Morrín, stupendo ¿Rocieros?

-No...-dijo ClaraLinda- en realidad son Protestantes anabaptistas de la Iglesia del tercer día en que Cristo perdió el norte, y seguidores del Reverendo Jackson Porter, un profeta que se canonizó a si mismo en 1985 y se nombró sucedáneo de Jesús en la tierra; pero son muy receptivos. Llevaré estampitas y les contaré un par de milagros, seguro que ven la luz.

-Pues eso es de menester, ClaraLinda -dijo el Niño cariacontecido- que yo con una atea por vía parental no me puedo casar, tú eso lo entiendes.

-Rocieros. Capisco.

El día en que iba a hacerse la foto, el Niño iba vestido de luces, Azabache y Lapislázuli, y por la calle hubo un poco de coña. Al llegar al estudio fotográfico, ClaraLinda eligió un fondo turquesa. La fotógrafa, un tanto capciosa, le dijo a ClaraLinda: "¿está segura que quiere mandarle fotos del macarrón este con fondo turquesa a sus padres? Yo de usted preferiría pegarles el susto en directo".

"Culebra", la llamó ClaraLinda, mientras aquella se descojonaba.

-Te vi a dar una garrotá con la mano del mear como siga teniendome así má tiempo -Decía el Niño del Jaco sin descomponer la pose torera, esperando la foto, con los focos cegandole y haciendole sudar -dispara ya de una vé.

Sonaron dos clics y a la media hora las fotos estuvieron listas.

-Pues ahora no te pago por haberme llamado macarrón, so puta.

To Be Continued

DIOS BENDIGA AMÉRICA Y LOS SANDWICHES DE MANTEQUILLA DE CACAHUETE CON MERMELADA DE ARÁNDANOS.

Cuando el Niño, amarrao al brazo de su novia, despegó por primera vez el pié de suelo español y se subió al avión, sintió ese dolor naturá de todo el que se aleja de la madre patria. Un dolor que inmortalizó Antonio Molina con su canción eterna: "El emigrante".

A nueve mil pies y el primer lagrimón, ClaraLinda se estremeció.

-¿Qué te pasa mi héroe?

-Na mi gorda... que lo más lejos de suelo español que había estao en mi vida fue un día en que me subí a un quinto piso. No se si voy a poder aguantá la lejanía.

...Días antes y cuando en la oficina de la Policía Nacional vieron entrar al Niño del Jaco vestío de torero, pensaron que venía a entregarse. Por eso y cuando el niño dijo: "Buenas, de que venía a de sacarme el pasaporte". El agente que estaba detrás de la ventanilla se quedó un rato confuso, mirándolo de arriba abajo: "El pasaporte ¿Y para que quiere usted el pasaporte", "pues pa irme a los Estaos Reuníos Jeyper, a conocer a los pares de mi chorba", adujo el niño sin saber entonces la punzada de nostalgia que le entraría al abandonar el suelo patrio. "Ole Paquirri...", sonrío en ese momento el agente, añadiendo con voz monótona: "pues habrá de traerme 4 fotos carnet, D.N.I. y este formulario rellenado".

El Niño que lo llevaba todo preparado de casa, sacó los papeles y los puso sobre la mesa. "Ajá, lo trae todo. Muy bien", el agente estudió un rato el material, y arqueando las cejas dijo:

-Te podrías haber quitado la montera, para la foto...

El Niño puso entonces cara de circunstancia, y tocandose el fieltro de la montera dijo "le hacía ilusión a la gorda". El agente haciendo caso omiso añadió al rato: "y esto no se lee ¿cuanto dice que mide usted?"

-Metrochentidos, má o menos.

-Eso será con zancos... Le voy a poner -dijo mirándole y moviendo la mano derecha de un lado a otro- metro sesenta y cinco, y ya he sido bueno. A ver color de pelo... negro, ojos marrones, cara de cebollino, etcétera.

Y ahí tenía su pasaporte, entre las manos, con esa foto que le miraba con la montera puesta y su cara de cebollino. Los lagrimones seguían.

-Ya verás. Te gustará mucho mi país. Y Maimóm y Maidad te van a encantar, y la comida de Maimóm, y las historias de Maidad...

En verdad Maimóm pesaba trescientos cincuenta y siete kilos, y Maidad había tenido que cambiar su viejo Chevrolet por una pala carretilla para sacar a su mujer de casa por la ventana y llevarla a sus curas de adelgazamiento. Su adicción a la mantequilla de cacahuete había llegado a tales extremos, que en la clínica habían descubierto que se escondía bocadillos de esta substancia en el potorro, sorteando así el estricto régimen al que era sometida, por su bien, cuando pasaba de los trescientos cincuenta kilos. Por otro lado Maidad tenía aproximadamente tres años menos que Noé (era treinta años mayor que ella) y como estaba en este mundo por olvido del señor, soportaba estoicamente el proverbial olor a putrefacción que emitía su esposa. Ella como no cabía en la bañera, no se lavaba, y los días en los que soplaba el tradicional viento cálido del suruoseste californiano, varias familias del vecindario desalojaban sus casas ante las amenazas de olor a sobaca, fuerza siete, en la escala de Richter.

En verdad Maimóm solo se lavaba los domingos por la mañana (Maidad le echaba cubos de agua y le pasaba la escoba con jabón). Luego cogía la pala carretilla y se iban al oficio del domingo, a vivir los reconfortantes sermones del reverendo Jakson Porter.

La Iglesia de Jakson Porter tenía cinco alturas, y el reverendo se desplazaba de arriba abajo en un ascensor de tubo de cristal, dando la misa a través de un micrófono, y con un coro de chicas de color detrás de él que iban cantando ritmos Gospel. Entonaban aquello del "¡¡¡Aleluuuuuya!!!". Y cuando San Jakson Porter, sudedáneo de Jesús en la tierra decía: "El señor es graaande, el Señor ha bajadoyestáentrenosotros, aleluya, aleluya", las chicas de color añadían: "Aaaleluuuya", y luego seguían con unos "aaamen... aaaa, men... ameeen", amortiguados.

Maimóm y Maidad habían recibido el sacramento del bautismo hacía dos años, en un multitudinario acto de fe (el reverendo los ponía en fila y los bautizaba con manguera). En cambio a las niñas de menos de trece años las bautizaba una a una, y en privado "Dejad que los niños se acerquen a mí", decía, y como se supo más tarde, nada más cruzar el umbral de la puerta de su despacho cambiaba de copla: "niña ¿has visto alguno vez a un hombre desnudo", decía, y las bautizaba de otra manera. Precisamente fueron estos hechos los que acabaron por llevarle a la cámara de gas, al descubrirse que fue él el responsable de la desaparición de la joven Sally A. Peterson, de nueve años, asunto que conmocionó a toda América y cuyo juicio fue televisado en directo por las principales cadenas.

Estafa, corrupción de menores, estupro, mentiras al pueblo americano. Un asunto muy turbio.

...Aunque por aquel entonces, de todo esto, aún no se sabía nada, y los Gray (Maimóm y Maidad) como otros tantos miles de honestos ciudadanos norteamericanos confiaban en el reverendo Jakson Porter y creían en este párroco de aspecto tan refinado (llevaba zapatos blancos de rejilla, calcetines rojos, camisa Hawaïana, chaqueta azúl con una cruz bermeja en la pechera y peluquín de color canela).

Tanto es así que los Gray tenían cada uno su carnet de "Hijo de Dios", otorgado y bendecido por el reverendo en persona, carnet que costaba 300$ más gastos mensuales de mantenimiento. Fue en la comida de acción de gracias de ese año y refiriendose al carnet.

-Trescientes pavos por eso, cariño, es una estafa -dijo Lucy Ann.

Precisamente la tía Lucy Ann, que era una ferviente apologeta del movimiento ovni y que aseguraba haber sido abducida por los extraterrestres hasta su nave espacial, llevada posteriormente al planeta "Ajax pino" y violada repetidas veces por un alienígena verde, que se parecía a Arnold Scharwtzeneguer (pero en verde), y respondía al nombre de "Avecrem de pollo" (nombre en clave "Achili320"). Y fue concretamente Lucy Ann quién intentó convencerles de que el reverendo Jakson Porter era un tunante y un falsario.

Fue esa dura afirmación, y la acalorada discusión posterior, la que provocó la ruptura de relaciones familiares entre las hermanas, una acusando a la otra de atea, y la otra, a la anterior, de mojigata papista (muy a pesar de que el reverendo fuese protestante calvinista-estrambótico, no sujeto a la obediencia romana).

La prósima semana más.

LA LLEGADA

Nada más bajar del avión, en Los Ángeles, mientras andaba por el el finger, el Niño del Jaco abrió súbitamente los brazos y exclamó: "¡¡¡yeeepa!!!".

-¡¡Yeeepa, mi gorda!!... que ya semos llegaos a los Estaos Reunidos Jeyper, tierra de firmes- Claralinda lo miró con ternura-. Y te vi a confesar una cosa: esto del avión no m’ha gustao na... pa que nos vamos a engañar, el aire no es mi medio naturá -dijo mientras se rascaba la entrepierna con fiereza-. ¡Yeepa, que ya semos llegaos a la tierra de mi gorda!, a los Ángeles del "eley" de los Estaos Reunidos Jeyper ¡Ole!

Desde migraciones vieron llegar al individuo, con sus Yepas, y cantando algo del estilo de "god seiv de cüin", a voz en grito.

"Otro", pensó Carter.

Por eso, en cuanto examinó el pasaporte, el agente de migraciones John W. Carter, hijo de un pastor protestante de Philadelfia, y de una corista rural de Muchamiel, New Hamsphire, no pudo evitar el lanzarlo con desdén sobre su pupitre.

-¿What is that hat?... the "sombrero" you’re wearing on the picture- dijo señalando la foto del pasaporte (en la que salía el niño con montera). Lo preguntó reiteradamente, y poniendo cara de póker.

-¡Jozú, que le pasa a este! "¡Boy!"- dijo hablando fuerte- ¡que yo de inglish, ni papa, pero que ni papeishon!- y entonces le enseñó su mejor sonrisa. Pero al ver la cara de perro que le ponía el agente rectificó su actitud, decidió cambiar de estrategia y dejar los modos desenfadados y campechanos. Adoptó la posición de firmes y poniendose la mano en el corazón gritó: -¡gor seiv de cuïn del condao!, amen...

-Oh! Sorry sir, but it’s a bullfighter hat. A "montera" you see- salió al paso ClaraLinda. -My fiancé is a bullfigther, very popular in Spain.

-¡Beefeater, eso soy yo, como er de la ginebra!- celebró el niño, que seguía firmes, y canturreando por lo bajo una cosa parecida al himno nacional británico. Y añadió -y me le traduces al Sr. Guardia Civil federal lo siguiente: dile que le transmito los saludos de nuestro Rey a la graciosa Majestad suya, y que el Rey, a través de mi medium, hace igualmente extensivo su saludo a John Wayne, si es que sigue de Presidente todavía.

Pero ClaraLinda hizo caso omiso de la solicitud, y agitando la mano a media altura le hizo entender que se callara, que no era el momento... Entonces puso cara de niña grande, abrió sus bellos ojos de color estiércol y dibujando una candida sonrisa, imploró, (en inglés):

-Por favor señor, déjelo entrar, que estamos comprometidos y me voy a casar con él. Ha venido a conocer a mis padres. Por favor.

El agente, turbado por estas palabras, salió de su garita, la tomó del brazo, y se la llevó a un apartado. Le contestó:

-Mira querida, de esto -y señaló al niño, que seguía tieso frente al pupitre- no es precisamente de lo que nos falta en este país. Que ya estamos saturados. Y yo aquí tengo una labor que cumplir, y a este tipo yo no te lo puedo dejar pasar, tú me entiendes-. Entonces carraspeó, la observó y prosiguió diciendo, en tono de reprimenda -mira ¿porqué no te buscas un buen muchacho americano? Sano, fuerte, que juegue al béisbol, un buen muchacho nuestro, y dejas de mezclarte con lo primero que encuentras...Precisamente... Bueno, precisamente yo tengo un primo, Junior, que ahora está viviendo en mi casa. Busca novia. Es un buen muchacho... Tal vez no sea todo lo que una mujer pueda esperar, de acuerdo, pero es un buen chico, se traga un litro de leche todas las mañanas, y estoy seguro de que sabrá hacerte feliz ¿qué me dices a eso?

-Y... no sé.... porque yo soy una puta insaciable, y tu sobrino será un mandanga.

-¡Uau!- Carter quedó impresionado. Tanto, que súbitamente, su cara de padre protestante cambió. Arqueó una ceja y un vuelo de lujuria torció su labio-. Bueno -dijo- pues si quieres yo te la meto hasta que revientes, guarrita. Qué me dices a eso ¿eh? Quieres tragarte mi puta salchicha, en el baño ¿eh gorda?

ClaraLinda, que había llevado al agente, hábilmente, a su terreno, empezó a gritar:

-¡Acoso sexual! ¡Acoso sexual!, este hombre me está haciendo proposiciones deshonestas ¡Acosador! ¡cerdo!

El agente Carter, al instante, se abalanzó sobre ella para hacerla callar, le puso la mano sobre la boca, ella le mordió, pero mantuvo la mano, mientras miraba a su alrededor para ver si alguien la había escuchado y con el rostro descompuesto claudicó: "De acuerdo, que pase."

Volvió a su pupitre, le cuñó el pasaporte al Niño, y él y ClaraLinda se fueron a buscar las maletas.

-Le has dicho lo del Rey, claro. No falla, si lo sabré yo, que estoy cansao de cruzar fronteras.

 

La presentación

Nada más llegar a su casa, resultó que sus padres no estaban. Habían dejado un mensaje: "Estamos en Detroit, Chuck en problemas. Bienvenida a casa, honey". ClaraLinda en seguida imaginó lo ocurrido. Su hermando Chuck, seguramente, volvía a tener problemas con la justicia. Sin embargo, se preguntó: ¿cómo es que este chico se ha ido a delinquir tan lejos, hasta Detroit?.

"Este chico", pensó reiteradamente..

Le enseñó la casa (que era espantosa) y luego ClaraLinda dejó al Niño en el sofá cambiando canales, ("los jodíos hablan como patos", decía, y se reía mucho), y se fue a comprar un par de "groserías" (comida), al supermercado de la esquina. Porque la nevera estaba vacía.

-Puedes poner en marcha también los video juegos de Chuck, si quieres- dijo al despedirse, en el quicio de la puerta y sonriendo -en el talego ya no le servirán de mucho.

-Vale mi gorda- escuchó.

Wallmart no había cambiado. Seguían vendiendo los mismos helados en bote de tres kilos, el mismo queso fundido en barritas de colores, las patatas fritas con sabor a vinagre, o barbacoa, queso azul, el jarabe de Aunt Jemyma, los cereales de corazoncitos que tanto le gustaban. Eran muchos años de gorda, los que llevaba a cuestas, y en esos estantes, frente a toda esa comida, sintió la emoción del obispo que vuelve a la iglesia en la que hizo sus votos, cuando aún era novicio. Grasa y pajas, de niña a mujer.

Llenó el carro hasta los topes. De mantequilla de cacahuete y mermelada de arándanos, de bollos de manteca, de 15 litros de helado, palomitas de maíz para microondas... y se fue a pagar.

La cajera llevaba una chapita en la solapa de la blusa a rayas rojas de Wallmart, en la chapa ponía: Lucy. Y junto a Lucy, que tenía cara de viejo demonio, vio una selección de libros sobre los estantes promocionales, junto a las maquinillas de afeitar y los chicles. Fue cuando pensó que sería una buena cosa que su héroe empezase a aprender el inglés (el lenguaje de los patos) de la mejor manera posible: leyendo.

Se estuvo un rato seleccionando los títulos. Era consciente de que el Niño del Jaco, su héroe, era medio ágrafo. Sin embargo, se dejó llevar por el amor, que hace ver a la persona amada dos leguas mejor de lo que es, y compró un par de títulos sugestivos: "Física cuántica para niños", de la editorial "Vapor’s Ship", "Neurocirugía, tú mismo", de divulgación general, y la última novela de Kuzac "Sinuhé, el baturro", un libro que narraba la vida de un médico egipcio, durante las guerras carlistas en el norte de Wyoming. Al final descartó: "La doma de anchoas en la bañera" y "Capar ranas, un arte milenario", por excesivamente frívolos.

¿Le gustarían?

-¡Uy! Y de letra pequeña. No sé, mi gorda...- Exclamó al recibir la literatura. Pero entonces ella lo miró, tan dispuesta a no hacer concesiones, que el Niño rectificó:- Bueno...pues esta noche me leo las tapas, y ya te cuento mañana. Son bonitos, los libracos.- Añadió mientras los dejaba caer sobre la mesa.- Oye y ¿qué has comprado de papear?

Ella volvió a mirarle, disgustada.

-Sinhué el baturro es una gran novela americana- contestó- y la he comprado expresamente para ti, para que aprendas el inglés.

Entonces del Niño, que atrapó al vuelo la indirecta, tomó uno de los libros y se dispuso a hojearlo simulando interés. "Sinuhé, el baturro", repitió un par de veces.

-¿Oye, puedo hacerlo papilla e inyectármelo?

-No, te lo lees.

¡Carajo! cómo se había puesto de mandona la gorda ¿necesitaría un buen pollazo, pa calmarse?

 

Era miércoles. Y hacía ya tres días que al Niño no se le levantaba. "Yo creo que ha sido cosa del avión", se excusó la noche del lunes y del martes. Pero hoy, después de haber visitado por segunda vez el downtown, la gorda no daba más de sí, y a las cinco de la tarde acorraló al Niño en el sofá y exigió su ración.

El se puso en posición, de pié sobre el sofá, se bajó los pantalones y tomó la pose torera. "Toa tuya". Ella se arrodilló, succionó un poco al aire, para practicar, y se amorró al mástil.

A los cinco minutos, cuando el Niño empezó a entrar en calor, llevaba la cadencia, y ella tragaba al compás, se oyó una llave en la cerradura y en seguida la puerta se abrió. El niño, con el culo al aire, y la mano en la cintura, giró la cabeza, y vio entrar a un macarra vestido de cuero negro. ClaraLinda, absorta en sus labores conyugales, no escuchó nada.

El macarra se le quedó mirando, él miró al macarra

-¡Mamá! -chilló hacia atrás, a través de la puerta- ClaraLinda se ha vuelto a traer un cliente a casa.

 

LA YANKINIZACIÓN

Los padres de ClaraLinda, a pesar de la singular introducción en familia que tuvo el niño, resultaron ser buena gente. Gente de mente abierta, sin prejuicios, porque aquella familia funcionaba sin códigos extraños, sin protocolos. La madre olía a una mezcla de grasa, cebolla y leche infantil, y se tiraba unos pedos monstruosos, aunque luego sonreía. Estaba muy gorda y era una buena mujer, algo cándida, muy afectuosa. Al niño empezó a llamarlo "son" (hijo) desde el tercer día.

"¡Ves, ya te quiere!", le dijo ClaraLinda, con infinita satisfacción, la primera vez que lo llamó "hijo".

- ¿Son? ¿hijo? ¿hijo de qué, me llama tu madre, si se pué saber?

- Cariño, te llama hijo a secas, hijo suyo, carne se su carne y sangre de su sangre.

- Cojonudo.

La familia, es confianza. Por eso el niño, recíprocamente, empezó a llamarla, también cariñosamente: "morsa". "Buenos día señá Morsa", "Buenas noches señá Morsa". "Oye, dile a la Morsa de tu madre que aprenda a comer, que me está dando asco de verla desde aqui... Cómo traga la muy puta".

El padre, Jonathan Churrasco Grey, también era un hombre dotado de una gran calidad humana. Hablaba poco pero lo poco que hablaba eran palabras amables y sensatas. Gustaba mucho de narrar vivencias.

Al niño también lo llamaba "son".

- "Son"-le dijo cierto día- te voy a contar una historia. -lo miró, puso cara de que lo que iba a contarle era bueno, era importante, y entonces empezó su relato- Cuando estuve en la guerra, la grande, la II, en mi batallón, había un oficial llamado Peter "la rata" Haley, un irlandés con bastantes malas pulgas. Yo lo veía a menudo en el comedor de oficiales, porque yo era cocinero en el comedor de oficiales. Bueno, pues una tarde, el teniente Peter "la rata" Haley apareció en cocinas y me llamó. "¡cocinero del tercer batallón de infantería de marina! ¡recluta Jonathan Churrrasco Grey!". Yo me cuadré frente a él. " Recluta Jonathan Churrasco, he encontrado una cucaracha en mi puré de patatas", dijo. Yo, empecé a temblar, confieso que temblaba, que me sudaban las manos, y la frente, porque imponía, aquel tipo, y además llevaba una cara de estar muy enfadado. Me miró un buen rato, un rato que a mi se me hizo eterno, y luego, se largó.

El niño, que no entendía ni papa de inglés, se rió, forzado, pensando que le había contado un chiste.

Chuck, en cambio, que también estaba en el salón y había seguido la historia con interés, empezó a enfadarse. "¿So, and what’s de point?" (bueno, y ¿cuál es la moraleja?). Y perdió los papeles: "Cuál es la moraleja de la puta historia que acabas de contar ¡a ver! Porque menuda historia de mierda, papa, que siempre haces lo mismo, cuentas una cosa, y luego la cosa no lleva a ningún lado, o sea, que es una pérdida de tiempo tu historia, porque no tiene ni final, ni moraleja, ni mensaje, y ya me tienes harto de tus historias para subnormales, senil cabrón de mierda..."

Así era Chuck, un muchacho difícil, rebelde, que necesitaba moralejas.

Chuck siempre fue problemático, solía decir ClaraLinda: macarra, delincuente habitual, politoxicómano, consumía varios sicotrópicos y hasta robaba en el ámbito familiar para conseguirlos (tanto es así, que la tele y los principales electrodomésticos de la casa estaban amarrados con cadena de acero a los muros).

Pero Chuck y el Niño hicieron buenas migas.

 

TIERRA DE OPORTUNIDADES

La primera vez que la madre de Claralinda le llamó vago, al Niño no le dolió. Se lo tradujo ClaraLinda.

- ¿Qué m’ha dicho la morsa? -preguntó.

- Te ha llamado vago. "Lazy", y ha añadido que llevas aqui más de un mes comiéndote nuestra comida. Es muy sensible con eso, mi madre, a ella le gustan los hombres trabajadores, amor.

- Pues vale -y se sirvió agua, haciendo caso omiso de la madre que le tendía el vaso. Volvió a poner la botella sobre la mesa.

- ¿Vale? -preguntó ClaraLinda - ¿Y no vas a hacer nada al respecto?

- Sí, hace unos días que le ando dando vueltas.

- ¡Ahá! -exclamó ClaraLinda, esperanzada.

- Pué sí mi gorda: he decidido que le pidas a tu mare que nos deje pasta, para irnos al restaurante, y así no le comemos más de su comida. No quería decirlo, pero la situación s’ha precipitao. O sea que díselo: bien clarito -añadió mirando a la Sñá. Morsa - dile que de cociná no tié ni guarra... Porque vamos a ver, llamarle a "esto": "pastel de carne"-empujó un poco el plato hacia adelante - son ganas de insultá al personal comensal. Como sigamo asín, con una úlcera me vuelvo yo pa España.

- ¡Eso es lo único que tienes que decir! ¡Mi madre te ha llamado vago!

- ¿Y?

- Algo te habrá de doler.

- Nada, tú no te preocupes por eso, que no me duele nada. Lo que me duele es lo mal que se come en esta casa.

- O sea que mi madre tiene razón y eres un vago, un "looser".

- Bueenooo, o sea que por ahí va el tema... pues sí, vago totá, con dó cojones, y a mucha honra... que yo no he pegao chapa en mi vida. Esa es mi fisolofía existenciá: "el que trabaja, es que no sabe hacé otra cosa"-dijo con una gran sonrisa- tradúceselo a tu mare... y lo de la pasta p’al restaurante, también, y que no se preocupe, que mañana, ya no le comemos más de su comida -y apostilló entre sus barbas -. La tía puta, y con lo gorda que está, paice mentira.

 

 

"Guanajuato Cruel" es el tex-mex de la calle 48 con Hollywood Boulevard, un lugar al que se acercan a veces algunas estrellas (del cine porno), de los estudios "Clitoris Inc." a tomar fuerzas para seguir tragando semen. El local está decorado con banderas mejicanas, cuernos de vaca, origamis de papel coloreado, suenan rancheras y las camareras van vestidas con una faldita negra, de cuero, justo por encima del glúteo. Un palmito de falda y una blusa tradicional, con bordados llamativos. En la puerta, montera calada, capote tieso, vestido de azabache y lapislazuli, el niño del Jaco atrae a los clientes. Ese es su trabajo. Cuando alguno se acerca, él levantaba el capote, al que lleva cosida la carta:

"Tacos de Guanajuato, Frijoles con Tabasco, Hamburguesa Cruel, Papas Bravas, Chiles con Carne de Guanajuato, servidos con cerveza Coronita y ambiente local".

- "Yu ar invaited tu com in", tiene mandao decir, después de enseñar la carta, si bien no entiende muy bien lo que aquello significa.

A las 12, 14, 16, 18, 20, 22 H, el niño "performa". Deja la puerta sola y se mete para dentro. Suena un redoble de tambor, y la voz del dueño del establecimiento llama la atención de los comensales. " Y ahora, para todos ustedes ¡el potro de Guanajuato! ¡Ándale, ándale!". Él se pone en un círculo pintado en el suelo para las actuaciones. Suenan clarines y timbales, se pone de rodillas, y se prepara para recibir a porta gayola. Se abre la puerta de la cocina y llega corriendo una de las camareras agarrando unos cuernos de vaca. La gente aplaude, se oyen silbidos y alientos: "¡Yeahh!, ¡right babe!, ¡come on! ¡kill the jerk!". Entonces él le pega un pase volteado, y luego una verónica y de ahí por manoletinas. Varía el repertorio, según el caso, y según la camarera. Porque alguna llega toda tiesa, con los cuernos sobre la cabeza, como si fuera un vikingo, y a ver ¿cómo le pega uno un pase a un vikingo? Fue ese día, en el que le pidió al dueño, que por favor, que para "performar", él necesitaba los cuernos a la altura de la cintura. Las camareras, en principio reticentes, empezaron, obligadas por el patrón, a agacharse mucho, y desde entonces, y gracias a su arte, y a la micro falda, el público comenzó a adorar aquellas actuaciones…Se sacaba una media de 10 dólares por "performación", en propinas.

Pero por aquel entonces los Estados Reunidos Jeyper empezaron a no gustarle.

- Este no es mi medio naturá -se repetía, a la semana, por las tardes, en la puerta del "Guanajuato Cruel"- .Aquí no hay toro de lidia, hablan como patos, no conocen la cazalla, y el trabajo este tié demasiao estréss, unas franjas horarias demasiado estrictas.

En verdad, el niño, mientras estaba en la puerta, podía escaparse de vez en cuando, pero a las 12, 14, 16, 18, 20, 22 H tenía que estar allí. Y claro, el "es que me he tenío que ir a mear", empezó a no funcionar. "Mira pinche, meas más que mi abuelo Pastor, que no tenía vejiga (se la comió en un día de hambre -la puta madre que hambre se pasaba en Guanajuato-) y como no podía hacer reserva, expulsaba directo. Tomaba un vaso de agua, y se iba al baño, a esperar a que bajase", le dijo una vez el dueño.

- La fosiología manda, compare -le contestó el Niño, que ya se había hecho a la manera de hablar de los hermanos mejicanos.

- ¿Qué filosofía?

- La del cuerpo, la fosiológica.

- Pues anda y lárgate cabrón, que ni pa estar en la puerta me vales, pinche gachupín meón.

Fueron días aciagos.

 

(CONTINUARÁ)

© Lucas Vicens Charbonneau