LITUANIA:

Diez horas en tren nos dejaron en Vilnius (o Vilna, según se quiera). Viajamos de noche, llegamos por la mañana. Hacía un frío de espanto (metro y medio de nieve), pero uno de esos fríos secos y tónicos en los que no te resfrías (a partir de -5 grados los microbios y bacterias se mueren -o se quedan latentes, o emigran al sur- no sé), el caso es que si no es de frío (hipotermia), no te mueres. Al principio, y al llegar a esa estación perdida, cruzando antes un par de pueblos sepultados bajo la nieve (¿quién vivirá en este pueblo, Dios bendito?) sientes en cierto modo que has llegado al fin del mundo (a mi me recordó, esa sensación, a cuando estuve en la Patagonia atlántica). Estás lejos de todo, eres Doctor en Alaska. Pero luego no es tan cierto. Vilnius es una ciudad de unos 500.000 habitantes (o eso dice la guía "Vilnius in your Pocket", si bien, yo hasta que no los cuente uno por uno, no me lo creo, porque me pareció bastante más pequeño), en todo caso, tiene un centro histórico precioso: iglesias católicas, ortodoxas y sinagogas judías. Entramos en una iglesia en la que todos rezaban cantando (se sentía una antigua piedad popular) era una canción monótona y subían por una escalera hasta llegar a la habitación donde debía guardarse la reliquia, o la cosa, no sé, toda la habitación estaba ricamente ornada de plata repujada y algo allí dentro levantaba una inmensa devoción: se ponían de rodillas sobre los peldaños de la escalera, a un lado, cantando, en medio unos subían, otros bajaban. No recé por nada.

Estación de Vilnius

Calle de Vilnius con monja al fondo (drcha)

Por la calle principal del casco antiguo hay un mercadillo en el que se vende ámbar del Báltico hecho collares, bruto o tallado, engarzado en medallones, o simplemente en piedras (algunas de ellas con insecto dentro, son insectos del Jurásico ya que el ámbar es resina fósil, proveniente de árboles muy antiguos). Es muy barato, tal vez sea una ganga.

Vilnius es una ciudad moderna, los establecimientos comerciales son actuales (con las mismas marcas de todas partes, y bastantes de alta costura), los coches son modelos recientes y la gente va ataviada -aunque más tapada- como nosotros.

Tal vez el mundo sea cada vez más desigual en las oportunidades que brinda, pero lo que es seguro es que es cada vez más igualador en las costumbres que impone: las mismas franquicias, lo mismo aquí, en el fin del mundo, que en todas partes.

Si bien invadida por la modernidad, es una ciudad que tiene encanto.

También fuimos a visitar el museo de la KGB. En el te explican las atrocidades y medios de tortura que los soviéticos emplearon sistemáticamente contra los Lituanos. Al parecer los Lituanos se aliaron tácitamente con Hitler (cuando entraron los Alemanes en el país los recibieron con los brazos abiertos)... pero en cuanto se fueron... los Rusos les hicieron una limpieza de cabezales de no te amargues que voy pallá, por colaboracionistas. De hecho, si te fijas bien, ves que hay muchas más viejecitas que viejecitos, y esto se debe a que las purgas fueron de órdago: muchos lituanos murieron en la guerra, acabaron en Siberia o fueron directamente fusilados, tantos, que esto ha llegado a provocar un gran desequilibrio entre los sexos, en lo que a esa generación se refiere, en la pirámide de la población. Imagino que los pocos hombres que quedaron se lo hubieron de pasar muy bien, pero esto no justifica lo anterior.

Vista desde el Castillo de Vilinius

Cruz en Vilnius

Desde que estuve una vez en Cuba los regímenes comunistas, presentes o pretéritos, no me inspiran ninguna simpatía. Después de la visita al museo de la KGB de Vilnius, mis simpatías no han aumentado. En esta parte de Europa Alemanes y Soviéticos hicieron el bestia de manera que es difícil encontrar barbarie similar anteriormente en la historia. Por sus métodos los reconocerás. Es cierto. En Varsovia y en Vilnius se ven todavía (casi 60 años después) las cicatrices de una guerra en la que el género humano se volvió loco. Tal vez comprenderlo todo es perdonarlo todo, pero es difícil de entender ¿porqué tanta muerte?

Frente al museo de la KGB (en el edificio que fue su ex cuartel general) ahora hay un Mc Donalds. Y sobre uno de los rascacielos de cristal de la nueva Varsovia, construida sobre las ruinas de la Varsovia que arrasaron los alemanes, hay ahora una enorme estrella de Mercedes.

(Más información sobre Lituania) 1) Datos 2) Vilnius in your Pocket